Mezclar el tocino con la velocidad

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Mezclar el tocino con la velocidad, eso es precisamente lo que ha hecho José Ignacio Munilla, el obispo de San Sebastián, ha pedido  humildad, respeto y paciencia para acabar con la violencia de género. Lo del respeto lo entiendo, lo de la paciencia y la humildad no tanto. ¿Quién tiene que tener humildad, los hombres para no creerse más que sus parejas, o las mujeres para no reclamar derechos que, por lo que parece, la Iglesia no ve con buenos ojos?

Pero lo que de verdad no entiendo, lo mire por donde lo mire, es lo de la paciencia. ¿Acaso tienen que tener paciencia las mujeres que son cada día maltratadas física y psicológicamente por sus parejas y ex parejas? La Iglesia, lejos de animar a las mujeres maltratadas a denunciar la violencia de la que son víctimas, les pide paciencia. Ver para creer.

Pero el obispo Munilla ha querido ir más allá y ha señalado que la mejor forma de luchar contra la violencia de género y de evitar esta lacra de nuestra sociedad es la virtud de la castidad, indispensable para que no se animalice la relación del hombre con la mujer. Casi nada.

¿Alguien me puede explicar cómo la castidad puede evitar la violencia de género? Y ya puestos, ¿alguien me puede explicar cuál es la relación entre las relaciones sexuales y los malos tratos? Es que yo, por muchas vueltas que le doy, no lo entiendo. ¿Nadie le ha dicho a este señor que cuando un hombre quiere humillar, insultar, vejar, pegar, violar o matar a su mujer, lo va a hacer, por mucho respeto, humildad, paciencia y castidad que haya por medio?

Fuente | El Mundo

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