Tras 20 años de férreo gobierno militar, Birmanio vió como sus ciudadanos alían ayer a votar clamando a gritos una democracia, que lejos de llegar de la mano de las elecciones parece quedarse en el simple hecho de permitir a sus ciudadanos que vayan a las urnas.
De hecho, por ahora desde el gobierno ni han desvelado una fecha orientativa en la que podrían hacer públicos los resultados oficiales de las elecciones ni el procedimiento que siguen para efectuar el recuento, que se realiza con la acostumbrada opacidad que distingue al régimen.
Lo pero de todo, es que el poder parece disputarse entre dos partidos autoritarios, el uno pero que el otro. Y así, las elecciones decidirán quién se queda en el asiento presidencial, o el Partido del Desarrollo y Solidaridad de la Unión, del primer ministro Thein Sein; y el Partido de Unidad Nacional, presidido por Yun Ti, un estrecho colaborador del ex dictador Ne Win.
O sea, que elecciones si. Pero poco cambiaran las cosas, más que hacerles saborear a sus ciudadanos un sorbito de lo que es vivir en un país libre. Por tanto, no parece haber cambios prominentes en la política birmana, que parece seguir estancada en un régimen autoritario que no permitirá al país avanzar hacia un futuro mejor.
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