Buenos ciudadanos en las listas electorales

La enorme presencia de imputados en las listas electorales es una prueba más de la poca calidad democrática que tenemos en este país. Y esa presencia siempre es excesiva porque no debería haber ninguno. Parece que nos hemos tomado muy en serio esa máxima que repetimos como si fuera un mantra que dice “somos el reflejo de la sociedad, ni más ni menos”. Y esa máxima, más que expresar que los políticos vienen del pueblo, que son parte natural de lo que representan, al final se ha convertido en una excusa para encubrir y justificar delitos de corrupción. Total, todos son iguales y todos vienen a lo mismo.

Porque estamos hablando de delitos de corrupción (en el resto, efectivamente somos como el resto de la sociedad), delitos que tienen que ver con el ejercicio de sus funciones en condición de representante y/o gestor de los asuntos públicos que, como su propio nombre indica, son los asuntos de todos y todas. Es impresionante ver el mapa de imputados en listas electorales, en el cual no hay distinción de ideología, partido o nivel de presentación. La única diferencia es el número que aquí es lo menos importante, porque lo que cuenta de verdad es cómo cada organización política afronta esta situación. Todo eso trufado con casos más llamativos de imputados que, como tales, se presentan a las elecciones buscando algún tipo de inmunidad. Ejemplos de este último caso son el ex alcalde de Ciempozuelos en Madrid o el constructor conocido como “Sandokan” en Córdoba.

Las consecuencias de esta situación son muy graves para una joven democracia como la nuestra. En primer lugar, parece que los políticos son una casta aparte que sólo dan cuentas cuando su condena es firme. En segundo lugar, da la sensación de que en la política no cuenta ni la honradez ni la honestidad. Incluso cuando alguien es absuelto no se piensa que es inocente, sino que “se ha librado”. Por último, esto redunda en una cada vez mayor desafección de la política por parte de los ciudadanos. Cierto malestar está creciendo afortunadamente, aunque todavía no es suficiente y el problema es que no sólo perjudica a los políticos (que tendría menos importancia y sería más fácil de afrontar) sino que perjudica a la política misma, la política entendida como herramienta para gestionar conflictos, elaborar consensos y avanzar.

Hay que decir que en España no hay corruptos en las listas electorales, mejor dicho, no hay condenados por delitos de corrupción en las listas electorales. Las penas recogidas en el Código Penal llevan aparejadas en todos los casos penas de inhabilitación para el ejercicio de un cargo público. Por lo tanto, las urnas no “indultan” pero sé es verdad que hay casos de imputados llamativos que ven en las elecciones una manera de exhibir “inocencia” o el perdón del pueblo.

Pero ¿basta estar imputado para no poder estar en una lista electoral? Porque no es tan sencillo. Hay líneas rojas que es peligroso traspasar. ¿Dónde queda entonces la presunción de inocencia? Si alguien deja de estar en una lista por estar imputado y luego resulta inocente – porque hay gente inocente – es tan injusto como alguien culpable que quede libre.  Hay muchas imputaciones que vienen derivadas de querellas del partido contrario. Imagínense que un partido decide eliminar al contrario por la vía de las denuncias.

Entonces, ¿qué hacemos con esos imputados? ¿Es un problema jurídico? ¿Falta legislación? Yo creo que no. Si acaso es un problema de lentitud de la justicia. Yo creo que el problema es social, creo que realmente a la ciudadanía no le parece grave. Hasta que la corrupción no cueste electoralmente tendremos que resignarnos a ver imputados por corrupción en las listas electorales. Hablaba al principio de la máxima que decía “los políticos son el reflejo de la sociedad”. Yo soy más de otra:”no hay buen gobierno sin buenos ciudadanos” (gracias @alorza). Así que, no queda otra: además de vigilar y controlar al poder, hay que construir ciudadanía.

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