Todos los partidos políticos acostumbran a dar sorpresas a sus votantes. Los socialistas lo vienen haciendo cada vez que hay elecciones autonómicas o municipales. Eligen candidatos desde Ferraz y casi siempre salen perdiendo, por muy importantes que sean las personalidades que aspiran a ganar. En esto se diferencian de la Iglesia, que nombra obispos desde Roma, se oponga quien se oponga al candidato vaticano.
